-
Mezcla los ingredientes secos: En un bol grande, mezcla la harina, la sal, el azúcar y la levadura seca. Asegúrate de que la levadura esté bien distribuida entre los ingredientes secos.
-
Añade el agua: Agrega el agua poco a poco mientras mezclas con una cuchara de madera o con las manos. Verás que la masa será algo pegajosa, pero eso es normal.
-
Deja reposar la masa: Cubre el bol con un paño limpio o plástico transparente y deja reposar la masa en un lugar cálido durante unas 2 horas, o hasta que haya duplicado su tamaño.
-
Precalienta el horno: Mientras la masa reposa, precalienta el horno a 220°C. Si lo deseas, puedes colocar una cazuela con agua en el fondo del horno para crear vapor, lo que ayudará a obtener una corteza más crujiente.
-
Hornea el pan: Una vez que la masa haya reposado, enharina ligeramente una superficie y voltea la masa para darle forma, sin amasar. Forma una bola o un pan alargado, según prefieras, y colócalo en una bandeja para hornear o en una cazuela que puedas meter al horno.
Lleva al horno y hornea durante unos 30-40 minutos, o hasta que el pan suene hueco al golpearlo por la parte inferior.
-
Enfriar: Deja que el pan repose en una rejilla antes de cortarlo. ¡Y listo! Ahora tienes un pan delicioso, crujiente por fuera y suave por dentro, sin haber tenido que amasar.
¡Disfrútalo!